«La perfección se alcanza no cuando no queda nada por añadir, sino cuando no queda nada por quitar.»
Antoine de Saint-Exupéry

Vivimos rodeados de estímulos.

Más imágenes.

Más información.

Más velocidad.

Da la impresión de que todo debe competir por unos segundos de atención.

Quizá por eso algunas pinturas que contienen muy poco consiguen producir una impresión tan profunda.

No porque les falte algo.

Sino porque han decidido conservar únicamente lo imprescindible.

Con el tiempo he comprendido que una pintura no siempre crece cuando incorpora nuevos elementos.

A veces ocurre exactamente lo contrario.

Empieza a encontrar su verdadera voz cuando deja de necesitar explicarse.

Lo esencial no es lo mismo que lo simple

Existe una tendencia a confundir la reducción con la pobreza visual.

Pero eliminar no significa empobrecer.

Significa elegir.

Toda pintura comienza siendo una acumulación de posibilidades.

Colores.

Direcciones.

Gestos.

Texturas.

El proceso creativo consiste, muchas veces, en decidir cuáles de ellas merecen permanecer.

Buscar lo esencial no implica hacer menos.

Implica descubrir qué resulta verdaderamente necesario para que la obra respire.

El silencio también forma parte de la pintura

En la música, el silencio no representa una ausencia.

Forma parte del ritmo.

En la pintura sucede algo parecido.

Los espacios vacíos no son lugares donde no ocurre nada.

Permiten que los demás elementos adquieran sentido.

Un gesto necesita espacio para desplegarse.

Un color necesita respirar.

Una composición necesita pausas.

He aprendido que aquello que decidimos no pintar puede ser tan importante como aquello que permanece sobre la superficie.

El minimalismo no consiste en reducir, sino en concentrar

Con frecuencia se asocia el minimalismo con la idea de hacer menos.

Sin embargo, creo que su verdadera fuerza reside en otra cuestión.

No elimina intensidad.

La concentra.

Cuando desaparecen los elementos secundarios, cada decisión adquiere mayor peso.

Una línea modifica todo el equilibrio.

Un pequeño cambio de color transforma la atmósfera completa.

Nada puede esconderse detrás de la abundancia.

Cada elemento debe justificar su presencia.

Lo esencial también exige tiempo

Existe una paradoja que siempre me ha interesado.

Las pinturas que parecen más sencillas suelen ser las que requieren más decisiones.

Llegar a una composición donde nada sobre implica renunciar a muchas posibilidades.

No se trata de simplificar desde el principio.

Se trata de descubrir, poco a poco, qué necesita realmente la obra.

A veces la dificultad no consiste en añadir.

Consiste en saber detenerse.

Lo que intento descubrir mientras trabajo

Nunca empiezo una pintura con la intención de hacerla mínima.

Ni de reducirla a unos pocos elementos.

Lo que intento es escuchar cuándo la obra deja de necesitar nuevas respuestas.

Hay un momento en el que añadir un gesto ya no mejora la composición.

Solo la hace más ruidosa.

Reconocer ese instante exige atención.

Y también confianza.

Porque dejar espacio suele resultar más difícil que llenarlo.

Una pintura también respira a través de sus vacíos

Siempre me ha fascinado que un espacio aparentemente vacío pueda contener tanta presencia.

No es un hueco.

Es un lugar donde la mirada puede descansar antes de continuar su recorrido.

En muchas ocasiones, la emoción no aparece donde existe mayor información.

Aparece precisamente allí donde la pintura decide guardar silencio.

Quizá por eso algunas obras permanecen tanto tiempo en nuestra memoria.

No porque lo muestren todo.

Sino porque conservan algo sin decir.

Lo esencial nunca termina de agotarse

Hay pinturas que necesitan explicarse continuamente.

Otras parecen contener una calma que permanece inalterable con el paso del tiempo.

Creo que esa diferencia tiene mucho que ver con lo esencial.

Cuando una obra consigue desprenderse de lo accesorio, deja espacio para que cada contemplación descubra nuevos matices.

No ofrece respuestas inmediatas.

Permanece disponible para nuevas preguntas.

Y esa disponibilidad es una forma de permanencia.

Una reflexión personal

Con los años he dejado de pensar que una pintura mejora cada vez que incorpora un nuevo elemento.

Hoy me interesa mucho más aquello que permanece después de eliminar lo innecesario.

Durante el proceso creativo intento escuchar cuándo la obra empieza a sostenerse por sí misma, sin necesidad de insistir ni de explicar.

No busco una pintura silenciosa por ausencia de contenido.

Busco una pintura donde cada gesto, cada vacío y cada relación entre formas tenga un motivo para existir.

Quizá la búsqueda de lo esencial no consista en pintar menos.

Consista en dejar únicamente aquello que todavía sigue diciendo algo cuando todo lo demás ha desaparecido.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa buscar lo esencial en el arte abstracto?

Significa eliminar todo aquello que no resulta imprescindible para que la obra exprese su lenguaje. No consiste en hacer una pintura más simple, sino más coherente.

¿El minimalismo y el arte abstracto son lo mismo?

No. Aunque pueden compartir el interés por la reducción de elementos, el minimalismo es un movimiento artístico con principios propios. El arte abstracto contemporáneo abarca una gran diversidad de lenguajes y no siempre persigue la misma finalidad.

¿Por qué algunas pinturas con pocos elementos resultan tan intensas?

Porque cada decisión adquiere un mayor peso visual. Cuando desaparece lo accesorio, el color, el gesto, el espacio y el ritmo cobran una presencia mucho más significativa.

¿El vacío también forma parte de una pintura?

Sí. El espacio no ocupado puede contribuir al equilibrio, al ritmo y a la contemplación de la obra. En muchas ocasiones, aquello que no se pinta resulta tan importante como lo visible.

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